TU PLATA, SUS OBRAS: ¿quién decide realmente el presupuesto de SJL?
Cada año, la Municipalidad de San Juan de Lurigancho administra dinero que sale, directa o indirectamente, del bolsillo de todos: impuestos, arbitrios, transferencias del Gobierno Nacional y otros recursos públicos.
Con ese dinero se recoge la basura, se mantienen los parques, se paga al personal, se fiscaliza, se refuerza la seguridad y se ejecutan obras.
Pero ¿quién decide qué se hace primero? ¿Quién determina qué necesita realmente el distrito?
Cada alcalde llega con sus propias prioridades
En teoría, el presupuesto municipal debería responder a un plan de desarrollo del distrito: primero definir qué SJL queremos construir, y luego decidir en qué proyectos invertir.
El presupuesto participativo debería cumplir esa misma función: que los vecinos elijan proyectos alineados con esas prioridades.
Eso dice la norma. En la práctica suele pasar algo distinto.
Llega un alcalde nuevo, trae sus propias ideas, cambia las prioridades y empieza a ejecutar las obras que le parecen más convenientes. Algunos proyectos siguen, otros se modifican y varios quedan en el camino.
Y SJL vuelve a empezar.
No es que todo cambio sea malo. El problema es que no hay un rumbo lo bastante claro como para que una gestión continúe lo que la anterior dejó encaminado.
Hacer obras no siempre significa resolver problemas
Una gestión puede inaugurar parques, veredas, losas deportivas, monumentos o pequeños espacios públicos. Son obras que se ven, que se pueden fotografiar y que, en general, los vecinos reciben bien.
Pero SJL sigue arrastrando problemas que ninguna gestión resuelve con obras sueltas: transporte desordenado, vías colapsadas, falta de áreas verdes, crecimiento urbano sin control y una gestión de residuos que no da abasto.
El problema no es hacer obras pequeñas. Muchas son necesarias y mejoran el día a día de los vecinos.
El problema es pensar que sumar obras pequeñas, elegidas sin ningún criterio en común, va a terminar transformando el distrito.
Una obra puede mejorar una esquina. Una planificación sostenida puede cambiar SJL.
El alcalde no decide solo
El alcalde tiene mucha influencia sobre las prioridades y propone cómo orientar los recursos municipales. Pero el Concejo Municipal también pesa: aprueba el presupuesto, fiscaliza su ejecución y debe evaluar las decisiones que comprometen el dinero del distrito.
Los vecinos, en teoría, participan a través del presupuesto participativo. Para que esa participación sea real hace falta información clara, espacio para proponer y alguna forma de vigilar que los acuerdos no se queden solo en el papel.
Por eso la pregunta no es únicamente quién firma o quién aprueba.
Lo que importa saber es otra cosa: si las decisiones responden a un plan de ciudad o al criterio de quien gobierna esos cuatro años.
SJL necesita prioridades que sobrevivan a los alcaldes
Un distrito del tamaño de San Juan de Lurigancho no puede cambiar de rumbo con cada elección.
Hace falta definir las grandes prioridades para los próximos 10 o 20 años: dónde faltan vías, qué zonas hay que reservar para parques y servicios públicos, cómo ordenar el transporte y qué espacios abandonados vale la pena recuperar.
Con un rumbo claro, cada alcalde podría aportar, mejorar lo que encuentra y dejar su huella, sin necesidad de empezar de cero ni gastar como si SJL recién naciera el día en que asumió el cargo.
Una gestión inicia. La siguiente continúa. Otra completa.
Así se construye una ciudad.
No es la plata del alcalde
Al final esto no es sobre la plata del alcalde, ni sobre las obras que una gestión quiera mostrar como propias. Es nuestro dinero. Y es el futuro del distrito.
Por eso, antes de celebrar cualquier anuncio, valdría la pena hacer una pregunta simple:
¿Qué problema importante de SJL va a resolver esta obra?
Y otra:
¿Es parte de un plan para transformar el distrito, o responde solo a la urgencia del momento?
Si no hay una respuesta clara, probablemente no estamos planificando.
Solo estamos gastando.
