Los 3 secretos que SJL aún no aplica (y otras ciudades sí)

¿Por qué hay ciudades que avanzan con cierto orden y otras que llevan años dando vueltas sobre los mismos problemas?

Cuando uno mira los distritos que han logrado cierto nivel de orden, encuentra tres cosas que se repiten: planifican, priorizan y continúan. No son secretos complicados. Pero sostenerlos durante años puede cambiar por completo cómo se ve una ciudad.

La respuesta fácil es el dinero: unas tienen más presupuesto que otras. Pero eso no explica todo. Una ciudad puede tener plata, población, comercio, inversión, gente capaz, y aun así crecer sin rumbo. Porque hay algo que va antes que el dinero: saber hacia dónde se quiere ir.

1. Pensar más allá de los próximos cuatro años

Un alcalde gobierna cuatro años. Una ciudad se construye en décadas. El transporte, la seguridad, el ordenamiento urbano, los espacios públicos, el comercio: nada de eso se resuelve en un solo periodo municipal.

Y sin embargo actuamos como si cada elección fuera un reinicio. Llega una autoridad nueva, cambian las prioridades, cambian los proyectos, hasta cambia la forma de imaginar el distrito. Cuatro años después, se vuelve a empezar.

Otros distritos de Lima han entendido esto, con distintos niveles de éxito: una ciudad necesita instrumentos de planificación que le sobrevivan al alcalde de turno. El caso más claro es San Borja: en el 2022, en vez de escribir un plan concertado nuevo, su ordenanza dice textualmente que «amplía de forma excepcional» el horizonte del plan que ya tenía desde 2017 hasta el año 2025. No lo botaron. Lo estiraron. Miraflores hizo algo parecido con su Plan Urbano Distrital: el que rige hasta el 2029 reemplazó a uno de 2016 que se había quedado a medio camino porque nunca terminó su trámite de ratificación, y la propia ordenanza de 2019 lo dice así, citando al plan anterior por su nombre y su número. En ninguno de los dos casos el documento promete continuar tal o cual obra específica de la gestión pasada. Lo que continúa es el instrumento: el plan mismo no se reinicia en cero, se corrige y se extiende.

SJL no le es ajeno a la idea de planificar: también tuvo su plan concertado, para el periodo 2017-2021, aprobado por Ordenanza N° 329. La diferencia aparece en lo que pasó después. El nuevo plan, el 2026-2035 aprobado en febrero de este año, no lo menciona ni una vez: no lo cita, no dice que lo actualiza, no lo nombra como antecedente. Es, en los papeles, un plan que empieza de cero. Y hasta donde se puede rastrear en fuentes públicas, entre el 2021 (cuando venció el anterior) y el 2026 (cuando se aprobó este) el distrito pasó varios años sin uno vigente. No es que a SJL le falte la costumbre de planificar. Es que no la sostiene: deja vencer el plan y, cuando por fin hace uno nuevo, ni siquiera se toma el trabajo de decir de dónde viene.

Una pista de lo que cuesta esa discontinuidad está en el espacio público: SJL tiene más área verde en total que Miraflores, pero al repartirla entre su población le toca menos de 2 m² por habitante, contra los 11 m² de Miraflores. No es que a SJL le falte verde. Es que durante años nadie calculó cuánta gente iba a necesitarlo.

De ahí una pregunta que SJL debería hacerse más seguido: ¿cómo queremos que sea el distrito dentro de 10 o 20 años? ¿Cómo se va a movilizar la gente, dónde van a estar los centros comerciales, qué zonas deberían convertirse en nuevos polos de desarrollo, qué espacios públicos vale la pena recuperar? Esas no son preguntas para un alcalde. Son preguntas para una ciudad.

2. No intentar hacerlo todo: elegir qué transforma de verdad a SJL

SJL tiene demasiados problemas a la vez: seguridad, limpieza pública, tránsito, pistas, parques, comercio informal, transporte, servicios. La lista sigue. Y cualquier alcalde podría pasar cuatro años inaugurando obras pequeñas y fotografiando cada una, sin que eso cambie realmente la vida de nadie.

Hay una diferencia entre hacer cosas y transformar una ciudad. Todo gobierno tiene recursos limitados, así que la verdadera capacidad de gestión aparece justo cuando hay que escoger: qué resolver primero, qué inversión cambia de verdad la vida cotidiana de cientos de miles de vecinos, qué proyecto puede generar desarrollo en veinte años. Una ciudad que intenta resolverlo todo al mismo tiempo corre el riesgo de no resolver nada a fondo.

Por eso la pregunta útil es más concreta: si SJL solo pudiera resolver tres grandes problemas en los próximos diez años, ¿cuáles deberían ser? Esa conversación importa más que saber qué obra se inaugura el próximo mes. Gobernar también es priorizar, y priorizar significa aceptar que no todo puede ser urgente a la vez.

3. Continuar lo que funciona, aunque lo haya empezado otro

Este es probablemente el principio más simple de los tres, y el más difícil de aplicar en la práctica política. Cada gestión quiere mostrar resultados propios, lo cual se entiende. El problema aparece cuando esa necesidad de diferenciarse termina abandonando proyectos solo porque los empezó otra autoridad.

Una ciudad seria debería funcionar distinto: si un proyecto es bueno, se continúa; si tiene errores, se corrige. Si necesita ocho o diez años para dar resultados, debería sobrevivir a dos o tres alcaldes, porque las obras públicas no son del alcalde que las inauguró. Son de la ciudad.

Las transformaciones importantes casi nunca ocurren en una sola gestión. Se logran acumulando decisiones durante muchos años: un gobierno empieza, otro continúa, otro mejora. Es un proceso menos vistoso políticamente, pero probablemente mucho más efectivo para la ciudad.

Los tres «secretos» no son secretos

Planificar: saber hacia dónde se quiere llevar la ciudad. Priorizar: decidir qué problemas tienen más impacto y poner ahí los recursos. Continuar: construir sobre lo que ya funciona, sin importar quién lo empezó.

No suena complicado. El desafío real es sostener esas tres decisiones durante varios años seguidos, más allá de quién esté gobernando.

SJL no necesita copiar a nadie

Comparar SJL directamente con Miraflores o San Borja puede ser engañoso: cada distrito tiene una realidad económica, social y urbana distinta. SJL tiene sus propios problemas, pero también posibilidades que pocos distritos de Lima tienen: más de un millón de habitantes, comercio intenso, miles de emprendedores, una ubicación estratégica, una población joven.

La pregunta no debería ser cómo lograr que SJL se parezca a otro distrito, sino cómo aprovechar todo lo que ya tiene. Y para eso no hace falta ningún secreto extraordinario. Alcanza con aprender a hacer, durante muchos años, tres cosas simples: planificar, priorizar, continuar.

Porque una ciudad puede pasar décadas haciendo obras y, aun así, no saber hacia dónde está avanzando.


PENSAR SJL no busca decirte qué pensar. Busca ayudarte a hacerte mejores preguntas.

Y tú: si SJL tuviera que elegir solo tres grandes prioridades para los próximos diez años, ¿cuáles dirías tú?

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