PLANIFICAR SJL: EL LUJO QUE NUNCA NOS HEMOS DADO
San Juan de Lurigancho no esperó a que nadie lo planificara.
Creció porque miles de familias necesitaban un lugar donde vivir. Así, sin mucho plan de por medio, se construyeron viviendas, nacieron barrios, se abrieron trochas que después fueron pistas, y aparecieron los primeros comercios, colegios y servicios.
El distrito siguió creciendo. Pero crecer no es lo mismo que saber hacia dónde se va.
Hoy SJL es uno de los distritos más poblados del país, y todavía carga con problemas que debieron anticiparse hace décadas: transporte insuficiente, vías congestionadas, falta de agua, crecimiento urbano desordenado, pocos espacios públicos, servicios saturados, zonas que tienen de todo y zonas que no tienen casi nada.
Crecer no es lo mismo que desarrollarse
SJL ha crecido en población, en viviendas, en actividad económica. Eso salta a la vista.
Pero una ciudad no se desarrolla solo por tener más edificios, más comercios o más obras. Se desarrolla cuando ese crecimiento responde a una idea de futuro.
Planificar es decidir cosas concretas: dónde se puede construir y dónde no, qué vías va a necesitar el distrito dentro de diez o veinte años, cómo conectar mejor las distintas zonas de SJL, dónde deberían ubicarse los próximos hospitales, colegios y postas, qué espacios públicos hay que proteger y cuáles hay que recuperar, qué actividades económicas conviene impulsar, cómo achicar la brecha entre los sectores que tienen más y los que tienen menos.
Cuando estas decisiones no se toman a tiempo, los problemas terminan alcanzándonos igual. Solo que entonces reaccionamos tarde, gastamos más y aplicamos parches en lugar de soluciones.
Vivir atendiendo urgencias
Durante años, buena parte de la gestión municipal se ha concentrado en lo inmediato: reparar pistas, recuperar parques, recoger la basura, mejorar el alumbrado, apagar el incendio del día.
Todo eso hace falta. Es parte de lo básico que cualquier municipalidad debe cumplir. Pero gobernar una ciudad no puede quedarse ahí, resolviendo solo la urgencia de hoy.
Si cada gestión vuelve a empezar de cero, cambia las prioridades y abandona lo que avanzó la anterior, SJL sigue acumulando obras sueltas, sin que eso construya una dirección común.
Una obra resuelve un problema puntual. Un plan ordena todos los problemas a la vez y decide hacia dónde queremos llevar el distrito.
¿Qué significa planificar SJL?
Planificar no es redactar un documento técnico para archivarlo. Tampoco es una lista de promesas de campaña.
Planificar es decidir qué ciudad queremos construir, y ordenar los recursos, los proyectos y las decisiones necesarias para lograrlo. Es pensar SJL más allá de los cuatro años que dura una alcaldía.
Una visión seria pondría metas concretas a 10, 15 o 20 años en transporte, agua y saneamiento, vivienda, seguridad, educación, salud, economía local, medio ambiente y espacios públicos. Y debería ser pública: que cualquier vecino pueda saber qué se está haciendo, cuánto se ha avanzado y qué falta.
Un plan que sobreviva a los alcaldes
El futuro de SJL no debería cambiar por completo cada vez que cambia el alcalde. Cada uno puede tener su estilo y sus propias prioridades, pero los grandes objetivos del distrito deberían mantenerse en pie, gestión tras gestión.
Una obra que empieza hoy debería ser parte de algo más grande. Y la siguiente gestión debería continuarla, mejorarla, o explicar en público por qué decidió cambiarla.
Sin continuidad, cada alcalde administra cuatro años. Pero ninguno termina de construir ciudad.
El lujo más costoso
Durante mucho tiempo hemos tratado la planificación como algo secundario, casi un lujo reservado para ciudades con más plata. Es al revés.
Una ciudad con tantas urgencias como SJL no se puede dar el lujo de improvisar. Cada sol mal priorizado, cada obra aislada, cada decisión tomada sin pensar en el futuro, es tiempo y dinero que el distrito no recupera.
Planificar no es un lujo. El lujo de verdad, el más caro de todos, ha sido crecer durante décadas sin decidir con claridad hacia dónde íbamos.
Para pensar
SJL ya demostró que sabe crecer. Ahora le falta demostrar que también sabe decidir su futuro.
Por eso la pregunta no es solo qué obras hará el próximo alcalde. ¿Qué ciudad queremos que sea San Juan de Lurigancho dentro de 20 años, y quién está dispuesto a empezar a construirla desde ahora?
