¿ESTAMOS PREMIANDO LA APARIENCIA… SIN COMPROBAR LA CAPACIDAD?
¡En campaña todo está pensado para impresionar: el escenario, la música, los colores, las caravanas, los videos, el abrazo con el vecino de siempre. Cada detalle construye una imagen — alguien cercano, decidido, capaz de resolver los problemas del distrito.
Pero una buena campaña solo prueba una cosa: que el candidato sabe hacer campaña. Y eso no es lo mismo que saber gobernar SJL durante cuatro años.
La campaña es la fachada
Una fachada puede verse moderna y bien iluminada, hasta ganar un premio. Pero antes de confiar en ella conviene mirar qué hay detrás de la pared.
Con los candidatos pasa algo parecido. Durante la campaña vemos lo que quieren mostrarnos: promesas, recorridos, discursos, fotos. Lo que casi nunca vemos con la misma claridad es su preparación real, el equipo que llevaría a la municipalidad, el sustento de sus propuestas o si sabe administrar un presupuesto. Y ese es justamente el punto ciego: aplaudimos la fachada sin preguntar qué la sostiene.
¿Cómo comprobamos la capacidad?
Nadie puede garantizar que alguien será un buen alcalde. Pero sí podemos dejar de votar a ciegas.
Un punto de partida es la trayectoria: no los cargos que ocupó, sino los resultados que consiguió. ¿Dirigió equipos? ¿Administró recursos? ¿Terminó lo que empezó? Otro punto de partida, tanto o más importante, es cuánto conoce realmente SJL. Y conocer el distrito no es recorrer mercados en campaña ni tomarse fotos en cada zona: es entender por qué perdemos tantas horas movilizándonos, por qué la inseguridad nos condiciona la vida, por qué faltan áreas verdes, por qué seguimos creciendo sin planificar nada. Un candidato preparado debería poder explicar cuáles son las prioridades de SJL y qué puede hacer realmente la municipalidad frente a ellas — no en el discurso, en la práctica.
Una promesa sin camino sigue siendo una promesa
Cuando alguien ofrezca una obra, hay preguntas simples que deberíamos poder hacerle: cuánto costará, de dónde saldrá el dinero, cuánto tiempo tomará, si la municipalidad puede ejecutarla, qué problema resuelve en realidad. No hace falta que responda en términos técnicos — hace falta que tenga claro cómo piensa convertir esa promesa en una decisión posible. Si no puede explicarlo, probablemente no tiene un plan todavía. Tiene una frase de campaña.
Un alcalde no gobierna solo
También importa quién lo acompaña. SJL no puede depender del carisma de una sola persona: la municipalidad necesita gente que sepa planificar, administrar, ejecutar proyectos, fiscalizar, coordinar con otras instituciones. Un candidato puede sonar muy seguro frente a una cámara, pero esa seguridad se desinfla rápido frente a un presupuesto real si detrás no hay un equipo que sepa qué hacer con él. Por eso no basta con mirar al candidato: hay que mirar quién está parado detrás.
SJL ya no puede seguir improvisando
El distrito necesita resolver urgencias, sí, pero también necesita pensar más allá de la siguiente obra: prioridades claras, proyectos que sobrevivan al cambio de autoridad, una visión que junte transporte, seguridad, servicios y crecimiento urbano en una sola idea de ciudad. Eso no lo da una campaña llamativa. Lo da la planificación, un equipo técnico capaz y un liderazgo que sepa convertir decisiones en resultados concretos.
La campaña dura unos meses y sus efectos visuales se apagan apenas termina la elección. Las decisiones del alcalde nos acompañan varios años más.
Antes de premiar la fachada, miremos qué la sostiene. Y la próxima vez que un candidato nos pida el voto, no le preguntemos solo qué promete. Preguntémosle qué evidencia tiene de que realmente puede cumplirlo.
