SJL maneja más de S/400 millones al año. ¿Cómo hacer que ese dinero rinda más?

EL PRESUPUESTO ES SOLO UNA PIEZA.
LA BUENA GESTIÓN MUEVE EL DESARROLLO.

Seguro lo has escuchado: la Municipalidad de San Juan de Lurigancho maneja alrededor de S/400 millones al año. Y cuando uno oye esa cifra, la pregunta sale sola: si hay tanta plata, ¿por qué seguimos con parques abandonados, calles inseguras, pistas rotas y servicios que no alcanzan?

Hay algo que casi nunca se explica. Esos S/400 millones no están en una cuenta esperando a que el alcalde decida qué obra hacer. De ahí sale la limpieza de las calles, el serenazgo, el mantenimiento de parques, el sueldo de los trabajadores municipales y todo lo que tiene que funcionar cada día.

Lo que realmente queda para obras nuevas es bastante menos.

Entre 2023 y 2025, la municipalidad tuvo en promedio unos S/410 millones al año. En esos tres años se ejecutaron alrededor de S/143 millones en proyectos, o sea, unos S/48 millones por año.

Con S/48 millones se pueden hacer obras necesarias. Pero para un distrito de más de un millón de habitantes eso no alcanza. No da para un gran hospital, para ampliar el transporte masivo, para las obras grandes de agua y desagüe ni para abrir nuevas conexiones viales con el resto de Lima.

¿Entonces SJL tiene que resignarse? No. Lo que tiene que cambiar es la forma de gestionar.

La plata también se consigue

Piensa en una familia que quiere construir su casa. Antes de poner el primer ladrillo necesita el terreno en regla, los planos listos, saber cuánto le va a costar y cómo lo va a pagar.

Con el distrito pasa algo parecido. SJL no puede quedarse esperando lo que le llega cada año. La municipalidad tiene que decidir cuáles son los proyectos más importantes, prepararlos bien y salir a buscar el financiamiento donde está.

Un hospital pasa por el Ministerio de Salud. Una vía grande necesita a la Municipalidad de Lima y al Ministerio de Transportes. El agua y el desagüe dependen de Sedapal y del Gobierno Nacional. Y hay proyectos que se pueden sacar adelante con Obras por Impuestos o con acuerdos con empresas privadas.

El alcalde no puede hacerlo todo solo, pero sí le toca sentar a todas esas instituciones en la misma mesa y pelear por lo que SJL necesita. Cuánta inversión consigue también debería contar a la hora de evaluar su gestión.

Diez proyectos, no cien promesas

En cada campaña escuchamos una lista larguísima de ofrecimientos. El problema viene después: se hace un poquito de todo y al final nada cambia de verdad.

La próxima gestión podría empezar distinto. En sus primeros 100 días debería presentar diez proyectos prioritarios para el distrito, elegidos porque mejoran la vida de miles de vecinos y no porque convienen políticamente. Proyectos de agua y saneamiento, seguridad, transporte, salud, recuperación de espacios públicos y empleo.

Cada uno debería poder responder cinco preguntas simples:

  • ¿Cuánto cuesta?
  • ¿Quién lo ejecuta?
  • ¿De dónde sale la plata?
  • ¿Cuándo empieza?
  • ¿Qué cambia para el vecino?

Decir «vamos a hacer un hospital» o «habrá más seguridad» no basta. Queremos saber dónde, cuándo, con qué dinero y qué institución se hace responsable.

Dejar de empezar de cero cada cuatro años

Uno de los problemas más grandes de SJL es que cada alcalde llega con sus propias obras, su propia gente y sus propias prioridades. Lo que dejó la gestión anterior se archiva, se cambia o simplemente desaparece, y el distrito vuelve a empezar de cero.

Por eso esos diez proyectos deberían estar en un banco público de proyectos que no sea del alcalde de turno, sino de San Juan de Lurigancho. Cualquier vecino debería poder entrar y ver qué proyecto está listo, cuál todavía necesita expediente, dónde se trabó y qué autoridad tiene que destrabarlo.

Así también vamos a poder distinguir una gestión que avanza de una que solo anuncia.

Funcionarios que salgan a buscar

SJL necesita profesionales que sepan armar proyectos y levantar observaciones, pero también funcionarios que no se queden sentados esperando que llegue el dinero. Tienen que tocar puertas en los ministerios, en Lima Metropolitana, en Sedapal, en los programas nacionales y en la empresa privada.

Y el primero en tocar esas puertas tiene que ser el alcalde. Gobernar un distrito como SJL no es solo administrar lo que llega; también es conseguir lo que el distrito necesita y no puede pagar solo.

Medir resultados, no solo gastos

Cada tres meses, la municipalidad debería contar públicamente cuánto ejecutó, cuánta inversión adicional consiguió y qué proyectos avanzaron.

Pero rendir cuentas no es solo mostrar números. Al vecino le importa saber si su calle está más segura, si tiene un parque cuidado cerca de su casa, si demora menos en llegar al trabajo o si lo atienden más rápido en el centro de salud. Gastar plata no siempre significa haber resuelto el problema.

Una oportunidad para gobernar distinto

SJL ya tiene un Plan de Desarrollo Local Concertado al 2035, con metas en seguridad, salud, educación, ambiente, servicios, economía y gestión municipal. El rumbo ya está escrito. Lo que falta es convertirlo en proyectos que se puedan financiar y construir.

Al próximo alcalde no deberíamos medirlo solo por las obras que inaugure. También hay que preguntarle cuántos proyectos dejó listos, cuánto dinero adicional consiguió y qué cambió de verdad en la vida de los vecinos.

SJL no necesita un alcalde que prometa hacerlo todo con S/400 millones. Necesita uno que cuide cada sol, sepa elegir prioridades y logre que ese presupuesto se multiplique en más inversión para el distrito.

Por eso la pregunta para los candidatos es directa: ¿cuáles son sus diez proyectos prioritarios, cuánto cuestan y de dónde van a sacar el dinero para hacerlos realidad?

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