Participan mucho, gobiernan poco: una historia que se repite en San Juan de Lurigancho

Ensayo: Participan mucho, gobiernan poco: una historia que se repite en San Juan de Lurigancho

Donde la política sí existe.

En San Juan de Lurigancho, la política no empieza en la municipalidad. Empieza mucho antes.

Empieza en una cocina grande, con ollas que no alcanzan.
Empieza en una reunión de vecinos donde alguien tiene que poner orden.
Empieza cuando falta agua y alguien decide tocar puertas hasta que aparezca.

Y, casi siempre, esa “alguien” es una mujer.

No tiene cargo. No tiene sueldo. No sale en los periódicos.
Pero organiza, resuelve, media, insiste.

Hace política. Aunque nadie la llame así.

Están en todas partes, menos en el poder.

Si uno mira con atención, las mujeres están en todas partes en SJL:

  • en los comedores;
  • en las juntas vecinales;
  • en las organizaciones del barrio.

Sostienen la vida diaria del distrito.

No obstante, al momento de elegir a la máxima autoridad municipal, su presencia se desvanece.

No porque no participen.
No porque no sepan.
No porque no quieran.

Sino porque hay algo que no termina de encajar.

Dos mundos que no se encuentran

Hay dos formas de hacer política que conviven, pero casi no se tocan.

Una es la política de todos los días:
la de resolver problemas, hablar con vecinos, organizarse cuando nadie más aparece.

La otra es la política de las elecciones:
la de campañas, afiches, recursos, equipos, competencia.

En la primera, las mujeres tienen experiencia y reconocimiento.
En la segunda, entran tarde, con menos recursos y menos espacio.

No es el mismo juego.
Y no se pasa de uno al otro tan fácilmente.

El tamaño también importa

San Juan de Lurigancho no es un barrio. Es una ciudad.

Y en una ciudad así, no basta con que te conozcan en tu zona.
No basta con haber ayudado, organizado, resuelto.

Hace falta otra cosa:

  • más gente;
  • más recursos;
  • más presencia.

La política deja de ser cercana y se vuelve grande, pesada, competitiva.

Y en ese salto, muchas se quedan atrás.

No es tan simple como decir “machismo”

Sí, hay machismo. Sería absurdo negarlo.

Pero no funciona como una puerta cerrada que dice “no pueden pasar”.
Funciona más bien como una forma de mirar:

  • quién parece tener autoridad;
  • quién “impone respeto”;
  • quién “puede poner orden”.

Y muchas veces, esa imagen sigue siendo masculina.

No es que la gente rechace a las mujeres.
Es que no siempre las imagina en ese lugar de poder.

El momento en que todo cambia

Pasar de lideresa del barrio a máxima autoridad: alcaldesa; no es solo un paso más. Es un salto.

Es dejar de ser “la que ayuda” para convertirse en “la que decide”.
Es pasar de escuchar a tener que imponer.
De acompañar a dirigir.

No es fácil.
Y tampoco es neutro.

Porque ese cambio implica moverse en un espacio que no fue pensado para ellas.

Un sistema que filtra

Las elecciones en SJL son duras.

Hay muchos candidatos, poco margen de error y una competencia fuerte.
Y en ese contexto, el sistema empieza a filtrar:

  • quién tiene equipo;
  • quién tiene dinero;
  • quién ya es conocido.

No se trata solo de ser buena lideresa.
Se trata de entrar a una carrera que ya empezó hace tiempo.

Y muchas mujeres llegan tarde a esa carrera.

Entonces, ¿qué está pasando?

No es que las mujeres no estén.
Están, y mucho.

No es que no participen.
Participan más que muchos.

Lo que pasa es que ese trabajo, ese esfuerzo, ese liderazgo…
no se convierte automáticamente en poder político.

Se queda en otro lugar.

Un lugar indispensable, pero invisible.

La pregunta que queda

San Juan de Lurigancho deja una imagen difícil de ignorar:

quienes sostienen la vida del distrito
no son quienes toman las decisiones.

Y eso obliga a preguntarse algo incómodo:
¿Qué tendría que cambiar en la política para que el poder que ya ejercen las mujeres sea reconocido como tal?

Publicaciones Similares